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Aug30th

ATAQUE EN EL CORAZON DEL HOGAR

Soy un convencido de la seguridad que debemos tener al interior de nuestro inmobiliario. No me refiero a las infraestructuras sólidas que nuestro inmueble deba presentar y mucho menos a la posibilidad de tener armas al interior de nuestro hogar para defendernos de algún asalto. Me refiero más bien a tener un botiquín de primeros auxilios además de los teléfonos de los servicios de emergencia a mano. Proyectémonos a que en un caso de emergencia estamos atolondrados por la emergencia y no es tiempo de ponerse a buscar  en del directorio telefónico. Imaginemos que nuestro hijo de pronto sufre un desmayo y no podemos reanimarlo, en ese momento nos damos cuenta que no estamos preparados para afrontar u caso así, no hay botiquín de primeros auxilios y aunque allí estuviera, muy surtido, no sabemos nada de cómo actuar en estos casos, qué aplicar, cómo diagnosticar y descartar, sería conveniente que todos sigamos aunque se aun curso elemental de auxilios básicos. Pero estamos ante una emergencia, no hay tiempo para reproches, pero es el colmo, nos damos cuenta que tampoco tenemos a mano el teléfono de algún servicio de emergencia o de un médico cercano. A veces tiene que pasarnos una desgracia o tragedia para recién adquirir conciencia y tomar las medidas preventivas del caso. Quizá sin ser muy extremos nos bastará tener conocimiento de algún familiar o amigo o al menos referido que haya tenido que atravesar por este trance para despertar nuestro espíritu previsor y acometer las medidas mínimas de seguridad al interior de nuestro inmobiliario.

 

            En mi mente aún están presentes las recientes imágenes, desgarradoras por cierto que nos tocó ver en el lugar menos esperado, un campo de fútbol. A veces uno puede ver escenas en un noticiero acerca de las trifulcas que se forman sobre todo en canchas sudamericanas por desadaptados hinchas del fútbol que se enfrascan en peleas callejeras o al interior de los estadios por la supremacía de las llamadas barras. Se ve como se atacan sin piedad unos a otros armados con objetos contundentes de todo calibre, desde palos y piedras hasta cuchillos y machetes y también armas de fuego. Incluso muy cerca, en Inglaterra, de cuando en vez vemos a los temibles Hooligans hacer destrozos por toda la ciudad donde juegue su equipo, haya perdido, empatado o hasta ganado, todo es un buen pretexto para el engendro de violencia. Sin embargo las escenas donde la muerte ronda se trasladan al interior mismo de los estadios, no a las tribunas, sino a la cancha propiamente dicha y no hablo de una bronca entre los futbolistas sino de un hecho muy particular que ha dado la vuelta al mundo en los últimos días, lo ocurrido con el futbolista Antonio Puerta, jugador del Sevilla, club de la primera división de

la Liga Española de Fútbol. Todos quedamos sorprendidos el pasado fin de semana cuando vimos como un corpulento joven, sano a todas luces, caía sobre el gramado de juego sin ser víctima de ninguna falta o choque fortuito, se trataba de un paro cardiaco en pleno juego entre el Sevilla y el Getafe. El Sevilla se disponía a sacar de puertas cuando se ve que el jugador cae desplomado tomándose primero el pecho. Inmediatamente uno de sus compañeros se acerca a ver qué sucede y se da con la sorpresa que su compañero está siendo víctima de un infarto y que además se está atragantando con su propia lengua, sin pensarlo dos veces el compañero se lanza sobre el gramado para evitar que su compañero muera asfixiado e introduciendo su mano en la boca de Puerta logra destrabarle la lengua. Los médicos entran a toda carrera y logran reanimar a Puerta solicitando su reemplazo urgente, sin embargo ante la sorpresa de todos Puerta se reincorpora por sus propios medios y sale caminando del campo.

 

            Lamentablemente ya en el camarín vuelve a sufrir otro episodio y se desmaya nuevamente siendo trasladado al hospital de emergencia. El parte médico informó que había sufrido un infarto y que se encontraba sedado y respirando con ayuda mecánica. El pronóstico no era alentador. Todos sabemos que mientras más joven sea uno al momento de un infarto hay menos probabilidades de sobrevivir al mismo. Había que esperar las 48 primeras horas de rigor pero la situación no mejoraba y Puerta no reaccionaba, su estado seguí asiendo de suma gravedad y si reaccionaba probablemente quedaría con graves secuelas a nivel sistema nervioso. Mientras todo esto pasaba el país quedaba consternado y las manifestaciones de solidaridad no se hacían esperar para el seleccionado español.  El desenlace fatal llegó a las pocas horas y Puerta entregaba su vida a la temprana edad e 22 años. Sufría de displasia arritmogénica del ventrículo derecho. Ahora todo el mundo llora su muerte.

 

            Sin embargo este no es un caso único y ya esta pasando a dejar de lado el rótulo de atípico. Recuerdo el caso de hace algunos años atrás ocurrido durante la disputa de
la Copa de Confederaciones. El jugador de Camerún llamado Marc-Vivien Foe falleció en circunstancias muy similares cuando repentinamente cayó al gramado en pleno juego. También fue víctima de un paro cardiaco y nada pudieron hacer para salvarlo, yacía e el suelo con los brazos estirados y los ojos desorbitados, otra muerte súbita de un atleta menor de 30 años. Ese mismo año un árbitro corrió la misma suerte cuando falleció víctima de paro cardiaco mientras dirigía un partido entre los equipos de Olimpia y Guaraní en la liga de fútbol paraguaya. No estaría mal tomar medidas de precaución al interior de nuestros hogares y contar con un desfibrilador que es un dispositivo diseñado especialmente para detectar rápidamente un ritmo cardiaco anormal proveniente de la porción inferior del corazón, además este sistema trata de convertir el anormal ritmo en uno normal liberando una descarga eléctrica hacia el corazón para propiciar la desfibrilación. Esta medida sobre todo si tenemos personas con antecedentes cardiacos como era el caso del jugador Antonio Puerta.

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