EL ABANDONO DE LA NIÑEZ
Tuvimos varias revelaciones en la última reunión de primos que hicimos en la casa de uno de ellos, justamente el protagonista de la mejor historia de la noche. A mi primo Stefano le tocó ser el anfitrión de esta edición de nuestra acostumbrada reunión de primos que generalmente celebrábamos una o dos veces por año, según las circunstancias. Sería además una buena oportunidad para conocer su nuevo inmobiliario puesto que hacía menos de un año que se había independizado de sus padres y ahora disfrutaba de las ventajas de vivir solo. Las últimas dos ediciones de nuestra reunión la habíamos tenido que celebrar en lugares públicos por diversas circunstancias y llegamos a la conclusión de que así no cuajaba el reencuentro. Algunos de nuestros primos, con Stefano a la cabeza, se preocupaban más en cortejar a las chicas que atendían en el local o a las clientas del mismo, o la música estaba muy alta para bailar, en fin, lo mejor era celebrarlo en un inmueble y llegó el día sábado.
Me presenté a eso de las ocho de la noche, hora en que estaba programada nuestra reunión, ya casi todos los primos estaban presentes, faltaba yo y mi hermano que llegaríamos por separado. Al ingresar me agradó mucho la distribución del inmobiliario de mi primo. Un tapiz guinda cubría casi todo el apartamento que era un gran cuadrado, estando la sala en un nivel un poco más bajo que la puerta de entrada y que el bar, que se encontraba al fondo. Una escalera de caracol junto a este derivaba al dormitorio de Stefano. Bastante simple el departamento, pero ideal para un soltero. Cuando crucé la puerta, vi que toda la sala estaba ocupada por los más de diez primos que participaríamos en la reunión, las voces eran altas y se atropellaban entre sí, sin duda la reunión cuajaba rápidamente cuando participaba la familia a exclusividad. Al poco tiempo llegó mi hermano, completando así la asistencia. Muchas bromas, historias y camaradería se combinaban con los bocaditos y con las bebidas pero en especial una de estas historias se apoderó de la noche invitando a una serie de preguntas y repreguntas.
Stefano se remontó a los años en que la mayoría de los primos rondábamos los quince años. Algunas de las primas tuvieron sus respectivas fiestas de quince años por aquel tiempo, en el caso de Stefano, tuvo su propia celebración a su estilo como comentó. Nos contó que ni bien cumplió los catorce años de edad, sitió que algo o alguien, se apoderaba de su voluntad. De pronto ya no sentía el mismo gusto por las actividades que solía hacer y que todos sus pensamientos lo ocupaban las mujeres. Había nacido en él el hombre y estaba dispuesto a llegar al fondo de ese asunto. A esas alturas de su narración las bromas en doble sentido y las burlas llegaban de todos los rincones de la sala pero Stefano, lejos de abochornarse, prosiguió con su relato. Y así nos contó que en una noche común y corriente cuando ya se encontraba en la cama, listo para dormir, alguien llamó a su puerta. Era la rutina acostumbrada, la trabajadora del hogar le llevaba el vaso de leche que siempre consumía antes de dormir. En ese momento sintió que una fuerza superior se apoderaba de él, era el llamado de sus hormonas, según lo calificó, y, sin pensarlo dos veces, saltó de la cama y se abalanzó sobre la sorprendida chica. Ella también era muy joven y algo agraciada, según recuerdo. Stefano se recreó en los detalles, sin importarle que hubiese primas presentes, mientras todos escuchábamos atentos la historia de cómo nuestro primo había abandonado la niñez.