Empeñado en una casa
Estuve tratando de comprar una propiedad hace poco. Mis amigos y mi familia, no obstante, me habían advertido bastante de que me iba a costar un ojo de la cara por los precios que iba a encontrar, y que sería mejor que continúe en mi trabajo y que ahorre una buena cantidad de dinero durante un poco más de tiempo, aún si tan sólo pensaba por el momento en alquilar un apartamento para mudarme lo más pronto que se pueda. En realidad yo no les quería hacer caso, ya que, si bien mi esposa todavía estaba de viaje, visitando a su mamá, que estaba enferma, y yo tenía un trabajo que no me dejaba estar en casa muchas horas, pronto los dos nos íbamos a desocupar e íbamos a tener que adecuarnos a vivir en una casa, los dos, junto a nuestro hijo. Como una familia bien constituida.
Por ello no tuve ningún miedo cuando me hicieron notar que en las noticias de la sección de economía de los diarios -en los que siempre se puede encontrar información sobre el sector inmobiliario y todos los movimientos que se dan en este- decía que el interés promedio de los préstamos para las hipotecas del tipo variable, se había incrementado, en este campo, en un 0.42%, después de haberse dado unos cambios en las condiciones del mercado de inmuebles. Sin embargo, también pude advertir, algo que mis amigos no habían hecho, por ocuparse únicamente de buscar razones para que yo no compre el inmueble. Más abajo pude leer que en la hipotecas de interés fijo, el interés promedio de los préstamos otorgados a los interesados había disminuido en un 0.38%, por lo que no todo eran malas noticias como ellos me habían querido hacer creer.
Después de haber leído el diario y de revisar unas cuantas páginas en
la Internet. Salí a la calle para ver qué podía encontrar a simple vista. Había, en el diario, unos avisos de casas que quedaban no demasiado lejos, por lo que me subí en el coche y me apresté para poder realizar mi búsqueda lo más rápido y satisfactoriamente posible. Aunque no llevaba mucha prisa, pues más me iba a valer hacer todo despacio para poder observar bien cada anuncio que estaba en la calle, y verificar cada dato que yo tenía, para no confundirme. Así era mejor, además estaba un poco ofuscado por el intento de mis amigos y de mi familia de obstaculizarme la compra, por lo que toda oportunidad de tranquilizarme iba a ser mejor.
Pasé gran parte de ese día, que era sábado, en el coche. Yendo de un lugar a otro, tratando de contactar con las personas que ponían los avisos, o llamando a agencias inmobiliarias que me pudieran aclarar ciertas cosas o sino, ayudarme en la búsqueda. En realidad quería acabar lo más pronto posible para tomar una decisión conjunta apenas llegue mi esposa de su viaje. Eso sería pasado mañana, así que si quería acabar debía empezar desde ahora con más empeño a recorrer la ciudad.