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Aug17th

PROTOCOLO FAMILIAR

Pero mamá es muy temprano, déjame descansar. Esa era la frase con que se iniciaba mis domingos hasta poco antes de la adolescencia y supongo que varios de ustedes habrán estado en un caso similar al mío. Acabábamos una semana difícil de escuela y el domingo, que debería ser nuestro día, se convertía en un día más de seguir las indicaciones. Yo en particular tenía mucha carga en la escuela, mis maestros no eran nada clementes y nos atiborraban de tareas para los fines de semana, algunos más desadaptados incluso mandaban tarea para el período de vacaciones, lean los periódicos que habrá control de lectura, se les recomienda tales libros de estos autores, consigan una plancha de triplay que vamos a hacer un experimento, traigan un pedazo de tecnoport que vamos a hacer una manualidad, la verdad a la edad de 14 años son otros nuestros intereses. Por qué no nos recomiendan escuchar algún disco actual o hacer un comentario sobre la película de estreno en el cine. Estas propuestas siempre caen en saco roto, no conocí y dificulto conocer a un maestro de escuela con el que se pueda conversar de algún grupo de música actual o de una película de estreno para jóvenes. Sin embargo mientras estuve en la escuela traté de librarla lo mejor que pude. Lo que hacía era, ni bien pisar mi inmobiliario los días viernes por la tarde, empezar a hacer las tareas que nos dejaban para la siguiente semana. Si tenía suerte las terminaba esa misma noche o de lo contrario se extendían hasta el mediodía del sábado. De ese modo, pensaba, erróneamente, que el resto del fin de semana podría hacer lo que me viniera en gana abarcando esto salidas sin horario de restricción y actividades de mi preferencia, pero parece que los padres andan coludidos con los maestros en la consigna de aguarnos el fin de semana recargando nuestras agendas con diversas actividades de poco interés.

 

            Como digo, me despertaban los domingos a las ocho de la mañana aproximadamente independientemente de que sea la estación invernal o que me encuentre en período de vacaciones del colegio. Me jalaban el cubrecama de la cama obligándome a sentarme de la cama y mis padres no se movían hasta que estuviese en pie, de ahí no me quedaba más remedio que bajar de la cama y caminar al baño para refrescarme y sacudirme la flojera. Una buena ducha hacía el trabajo, ah pero no se crea que ahí encontraba un remanso de paz y tranquilidad, no. Tenía un límite de tiempo, los argumentos para coaccionarme eran buenos, eso sí debo reconocerlo. Me gritaban detrás de la puerta del sanitario “Te vas a acabar el agua caliente de la terma”, “Se te van a caer los pelos” “Solo faltas tu en la mesa para desayunar”. Con tal que ni en el baño me dejaban en paz, no había más remedio que apurar la marcha. A medio terminar salía de la ducha y me secaba como podía, sin tiempo para peinarme, me vestía sin poner atención a la combinación de colores y llegaba a la mesa. Puro cuento, ya habían empezado a tomar desayuno sin mí. Recuerdo mucho la figura de mi hermano mayor, la antítesis de mis costumbres. Se levantaba muy temprano y salía a trotar, regresaba con el periódico y el pan bajo el brazo, se daba una ducha y antes de las ocho de la mañana ya estaba listo para desayunar. Esperaba mientras leía el diario y yo apenas empezaba a despertar. Era un tipo correcto, pelo corto y raya al costado, siempre bien afeitado y vistiendo camisitas a cuadros bien metidas dentro de un pantalón de tela, rara vez lo veía con jean. Ahí estaba en la mesa, hablaba sólo cuando le preguntaban algo, sólo consumía lo que le servían, nunca lo vi pedir repetir algún jugo o pedir otro pan, era bastante manso, el prototipo ideal de hijo que los padres anhelan, un adaptado social, lo malo es que sin quererlo ni proponérselo me contrastaba dejándome en pésima posición. Y ahí estaba en la mesa, tomando su desayuno con corrección ceremonial, mis padres orgullosos de su construcción hacían lo mismo, los codos fuera de la superficie de la mesa, los cubiertos en sus posiciones y las raciones de comida y bebida justas. Yo por mi parte hacía lo que podía tratando de no desentonar, pero lo peor estaba por venir.

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